En un momento va, todo parece inclinarse hacia lo que siempre ha esperado de esta vida, pero el péndulo tal como sube, vuelve a bajar. Las vísceras se revuelven, la adrenalina sube y las uñas rasgan el indeble seguro que lo protege de no caer en el abismo más profundo del horror.
Desde lo alto toca el cielo.
Cayendo hasta el abismo cuyos pies se niegan a tocar, es preferible elevarse una y mil veces, aunque el precio sea rozar la crueldad de la oscuridad que espera bajo el péndulo eterno de la vida.