jueves, 12 de enero de 2012

Hasta la última gota....


Ya no podría decir cuánto más aguantaré, si cada vez mis piernas tiemblan más y mis sentidos parecen difumarse en eventos lejanos y distantes. El dolor, la sed, el sudor, todo se vuelve cada vez más imperceptible.

Un abrazo que me cubre en temores y miedos cada vez mayores, cuando el fin de los tiempos parece acercarse peligrosamente y el camino sin retorno a las garras de la muerte lleva a ese inevitable barranco. ¿Por qué opté por luchar, cuando pude morir?

Las horas buscando por una salida fueron esperanzas que en vano ahora se esfuman entre el calor que me sofoca infinitamente.

¡Ojalá pudiese derretirme y que mi cuerpo líquido se esparciese entre los poros de este cada vez más abrasador piso!

Las llagas sulfuran de dolor mi alma, mi cuerpo ya no parece responder.

Sostenerse en la arena que cae entre mis carbonizados dedos, es tan inútil como ponerse de pie en un desierto maldito que consume mis últimos segundos...

Abrazarme a la incandescente luz del sol ha sido tan inútil como haber optado por vivir, en un maldito accidente que me dejó aquí, perdido, abandonado y ahora... acabado.

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