¡Todo luce tan bello tras ese halo de dulzura que deja cuando pasa!
El color, verde como el prado más paradisiaco que pudieses pensar, abrazado por los rayos del sol que acarician cada rama, cada pequeña hoja que nace a saludar un nuevo día. Su sonrisa, amplia como el amanecer, sus manos que con cariño cuidan cada pequeña parte de ese exquisito jardín que tanto anhelo...
¿Y cómo luce el otro lado?
Tal vez nunca sepas que bajo el prado verde existen gusanos que carcomen día a día este celestial paraíso. Tal vez jamás has pensado tomar mi mano, mirar mis ojos y respirar del putrefacto aire que sale de mis pulmones. ¿Acaso el verde los va a limpiar? ¿Acaso crees que me preocupo de mi jardín tan sólo porque me hace feliz? Hay veces donde no tengo más que hacer, cuidar del verde que todos envidian, observan y desean, mientras que me descuido día a día, pudriéndome entre la angustia, desgarrándome en la ira que no va a parar a ningún lado más que a mi y este maldito escape que es mantener la ilusión de un perfecto exterior.
El color, verde como el prado más paradisiaco que pudieses pensar, abrazado por los rayos del sol que acarician cada rama, cada pequeña hoja que nace a saludar un nuevo día. Su sonrisa, amplia como el amanecer, sus manos que con cariño cuidan cada pequeña parte de ese exquisito jardín que tanto anhelo...
¿Y cómo luce el otro lado?
Tal vez nunca sepas que bajo el prado verde existen gusanos que carcomen día a día este celestial paraíso. Tal vez jamás has pensado tomar mi mano, mirar mis ojos y respirar del putrefacto aire que sale de mis pulmones. ¿Acaso el verde los va a limpiar? ¿Acaso crees que me preocupo de mi jardín tan sólo porque me hace feliz? Hay veces donde no tengo más que hacer, cuidar del verde que todos envidian, observan y desean, mientras que me descuido día a día, pudriéndome entre la angustia, desgarrándome en la ira que no va a parar a ningún lado más que a mi y este maldito escape que es mantener la ilusión de un perfecto exterior.
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