jueves, 1 de octubre de 2009

Ceros...



De una u otra forma todo vuelve a reconstruirse, a comenzar desde cero y tal vez desde un cero que está más allá de otros tantos ceros en la vida. Engaños, mentiras, caretas, todo un arsenal defensivo contra ataques que tal vez jamás fueron, que sólo inventó en su mente contra una guerra que el mundo daba contra su persona. Tal vez él estuvo en estado bélico, en espera de enemigos que se difumaban en su falacia misma de la inexistencia, buscando la maldad que sólo estaba en su corazón atormentándole.

Sólo los hombres mueren, el mundo sigue girando por siempre, demostrando que el ciclo no existe, sólo los ceros que van iniciándose entre tormentos, risas y llantos. Y esta guerra no era más que una venda en sus ojos que expectantes esperaban por ese inicio que tal vez nunca tuvo. Inicios, comienzos de cosas nuevas que a si mismo se negó, pero que ahora abraza con fuerza, tal como un niño descubre en la maravilla de un juguete nuevo todo un nuevo mundo que conquistar.

Porque el ciego que no quiere ver tal vez nunca vea ese amanecer que se abre frente a sus ojos, porque si ha querido ver tormentas durante su vida, las ha tenido una y otra vez. Ahora aprende a observar la vida sin ataduras, sin vendas que impidan apreciar la realidad. No todo es bello, no todo es perfecto, todas las mentiras de las que tuvo miedo están, pero para eso están, para vivirlas y sentirlas minuto a minuto. Desde hoy ese hombre, ese niño interno, comienza el viaje verdadero por la vida que él deseó vivir, sentir y disfrutar. Esa vida que entre alegrías y penas va a brindarle y demostrarle que aunque él muera, el mundo seguirá existiendo y dando otras tantas sensaciones a los terranales hombres que pasan, y sólo pasan. Porque eso aprendió, pasamos... y nuestro paso debe valer por una eternidad que no se nos concedió.

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