Desde esta perspectiva mira como todos pasan, caminan, suben y bajan. Siguen, se detienen, observan pero no se observan, es el camino del nunca detenerse ni descansar, del no tomar aire y sólo seguir, como una serie de robots perfectamente programados para no pensar y sólo actuar.
La línea de espera, de aquellos que toman un respiro, que se sientan a observar desde afuera como muchos pasan, sólo meras almas que deambulan. Se mira a sí mismo y ve también que su alma está allí y acá, solitario al borde de este mundo de los eternos pasajeros de una vía cíclica y repetitiva.
Hay cosas que no son aburridas, el espectáculo da muchas veces momentos interesantes desde los cuales observar, también en donde actuar. La mano amiga y cómplice que necesita para disfrutar del espectáculo no está, pero entre paseo y paseo confía que llegará.
En la línea de espera... mira, observa, espera. Mira, observa, ¿actúa?... ¡actúa!
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