miércoles, 14 de octubre de 2009

El gran silencio

Hay veces donde él quiere gritarlo todo, eliminar toda la basura que hay en su interior, pero prefiere guardarla hasta que la putrefacción llegue a sus huesos, hasta que sea tanto el dolor y la angustia que la única manera de quitarla sea por las lágrimas que finalmente recoge su piel y recicla en nuevos dolores.

Es el silencio, esa eterna ausencia de sonido que ha intentado mantener con el mundo, contra ese mundo que ha sido un completo mudo contra él. Ese mundo que tal vez ha gritado, ha expresado verdades, mentiras, realidades, pero que no ha sido capaz de acogerlo, abrazarlo en su vida eterna en silencios que ha decidido mantener. Un silencio lleno de protagonistas, tantos que es preferible no hablarlo con ellos, y que a la hora de incluir nuevos posibles auditores, terminan siempre siendo protagonistas de esta interminable historia sin fin.

Es el gran silencio, el eterno silencio que es preferible carcomer hasta que los huesos no puedan mantenerse en pie, porque él prefiere eso, que el dolor sea tanto que caiga antes que caer frente a los protagonistas de su eterno dolor, el eterno silencio de un desaparecido del mundo que prefiere callar.

sábado, 10 de octubre de 2009

Contratos de la vida

Se pasean como una lista de supermercado, viendo los precios, la calidad, su dulzura y conveniencia. Su precio puede no ser en monedas, incluso no es visible, pero basta como iniciar el contacto para conocerlo lentamente. El proceso no es corto, las letras chicas van apareciéndose sorpresivamente, enseñándonos que nada está dicho. Tal vez no sea el que buscamos, pero nuestra firma se estampa en él por periodos claves y específicos, tal vez pasemos por alto algunos más importantes, pero finalmente son los que escogemos.

Tal vez sea un contrato que nos amarre de por vida, porque no necesitamos un papel para afirmarnos a algo que lo trascienda. Los contratos en la vida no son sólo palabras, son hechos, personas, situaciones, y son nuestra esencia expresada en algo material.

martes, 6 de octubre de 2009

Eco...

Y todo se vuelve a repetir, resuenan entre las paredes de las frías cavernas los demonios que estaban allí, esperándome expectantes para encararme que todo sigue tal cual ha estado siempre. Un maldito deja vú constante de desesperanza que regresa en una oscilación eterna de maldad y oscuridad, las tinieblas que van llenándose de luces efímeras y distantes que sólo son casualidades en una eterna sombra que pareciera no tener un final.
El maldito extranjero camina como un ciego en una ruta llena de eternas trampas en las que cae como un ingenuo ignorante. El maldito extranjero sigue buscando, palpando, rompiendo sus manos. El maldito extranjero y su eterna historia de repeticiones, su infinito eco de tiniebla que parece nunca acabar...

lunes, 5 de octubre de 2009

¡Es lo que hay!

No fueron las instrucciones indicadas, no fue lo que quería oir, pero sigue andando. Lo peor que puede hacer es pensar en dejar de funcionar, dejar de impulsarse hacia la vida, saltar, correr y volar. Porque es ese vuelo el que le da sentido a su funcionar, fabricarse a sí mismo la vida, su suerte y la de quienes le rodean. Tal vez no sea lo mejor, no sea lo deseado, no sea lo añorado durante años, pero como el viejo sabio que tanto admiró le dijo, es lo que tocó. Y eso que tocó hay que quererlo, cuidarlo y protegerlo, ayudar a que sea algo mejor y por qué no, pulirlo y trabajarlo. Porque en esta vida nada está dicho hasta que uno muere, porque en su vida nada va a estar escrito hasta que él mismo decida escribirlo con letras de sangre en su piel que nunca borrará.

viernes, 2 de octubre de 2009

Destripado

Destroza una vez más mi cuerpo, te lo pido entre los últimos suspiros que llenan de oxígeno mi dispersa mente. Desgarra una vez más de mi carne, esparce mis vísceras entre tus manos, acaricia hasta el más sanguinolento trozo mío, siente el éxtasis del dolor siento, goza con lo que gozaste durante años, y que tú mismo causaste una y otra vez. Este maldito dolor, esta puñalada sangrienta que das contra mi cuerpo que lentamente se convierte en un podrido cadáver.

Destripado estuve, estoy y estaré...

jueves, 1 de octubre de 2009

Ceros...



De una u otra forma todo vuelve a reconstruirse, a comenzar desde cero y tal vez desde un cero que está más allá de otros tantos ceros en la vida. Engaños, mentiras, caretas, todo un arsenal defensivo contra ataques que tal vez jamás fueron, que sólo inventó en su mente contra una guerra que el mundo daba contra su persona. Tal vez él estuvo en estado bélico, en espera de enemigos que se difumaban en su falacia misma de la inexistencia, buscando la maldad que sólo estaba en su corazón atormentándole.

Sólo los hombres mueren, el mundo sigue girando por siempre, demostrando que el ciclo no existe, sólo los ceros que van iniciándose entre tormentos, risas y llantos. Y esta guerra no era más que una venda en sus ojos que expectantes esperaban por ese inicio que tal vez nunca tuvo. Inicios, comienzos de cosas nuevas que a si mismo se negó, pero que ahora abraza con fuerza, tal como un niño descubre en la maravilla de un juguete nuevo todo un nuevo mundo que conquistar.

Porque el ciego que no quiere ver tal vez nunca vea ese amanecer que se abre frente a sus ojos, porque si ha querido ver tormentas durante su vida, las ha tenido una y otra vez. Ahora aprende a observar la vida sin ataduras, sin vendas que impidan apreciar la realidad. No todo es bello, no todo es perfecto, todas las mentiras de las que tuvo miedo están, pero para eso están, para vivirlas y sentirlas minuto a minuto. Desde hoy ese hombre, ese niño interno, comienza el viaje verdadero por la vida que él deseó vivir, sentir y disfrutar. Esa vida que entre alegrías y penas va a brindarle y demostrarle que aunque él muera, el mundo seguirá existiendo y dando otras tantas sensaciones a los terranales hombres que pasan, y sólo pasan. Porque eso aprendió, pasamos... y nuestro paso debe valer por una eternidad que no se nos concedió.

martes, 29 de septiembre de 2009

Envidia

¡Todo luce tan bello tras ese halo de dulzura que deja cuando pasa!
El color, verde como el prado más paradisiaco que pudieses pensar, abrazado por los rayos del sol que acarician cada rama, cada pequeña hoja que nace a saludar un nuevo día. Su sonrisa, amplia como el amanecer, sus manos que con cariño cuidan cada pequeña parte de ese exquisito jardín que tanto anhelo...

¿Y cómo luce el otro lado?

Tal vez nunca sepas que bajo el prado verde existen gusanos que carcomen día a día este celestial paraíso. Tal vez jamás has pensado tomar mi mano, mirar mis ojos y respirar del putrefacto aire que sale de mis pulmones. ¿Acaso el verde los va a limpiar? ¿Acaso crees que me preocupo de mi jardín tan sólo porque me hace feliz? Hay veces donde no tengo más que hacer, cuidar del verde que todos envidian, observan y desean, mientras que me descuido día a día, pudriéndome entre la angustia, desgarrándome en la ira que no va a parar a ningún lado más que a mi y este maldito escape que es mantener la ilusión de un perfecto exterior.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Exceso

Todo y más se suma dentro de mi ser. Es todo y más de lo que soportan mis huesos y mi mente. Es el exceso que opaca la realidad, que oculta a la bestia ávida de dolor y desesperada por rugir. Es un placentero y necesario exceso que me ayuda a sobrevivir, aunque hora a hora me mate por dentro y extinga mis energías, lo necesito para domarte oh maldita bestia interna que tanto odio pero tanto pertenece a mi ser.

El exceso tal vez me acabe, lo sé, pero es eso lo que añoro, ¿no? Es eso lo que deseo, ¿no?
A veces no lo sé...
La bestia me domina, me desespera, es tan parte de mí que este exceso sólo niega a quien soy yo...

lunes, 13 de julio de 2009

El afortunado infortunio de un desesperado viajero

La desesperanza, la maldad, la perdición, todo me empuja hacia el abismo de la putrefacción. Me gritan que salte, que me queme y deje que mis cenizas pasen al profundo y oscuro mundo desconocido que espera por mí. ¿Pero para qué? Este desesperado viajero observa tras él un imperfecto recorrido de caídas y mutilaciones, apenas puede sostenerse pero aún con sus partes desmembradas piensa en que algo habrá que lo haga retomar el camino perfecto que algún día perdió. Tal vez nunca lo hizo, tal vez este es el rumbo que debe seguir y cada parte que pierde es el precio que debe pagar por un trayecto mejor. Tal vez su brillo luce atractivo, los placeres fáciles son el ferviente plato que espera por los débiles, pero yo espero algo mejor, el camino duro y sanguinolento me llena más de dicha que la falsa felicidad cubierta de carnalidad, la profundidad añorada espera algo más que sólo superfluas caricias efímeras que nunca volverán.
La constante alteración de los estados mentales, el éxtasis de la inminente muerte, todo es un mero trámite en un extenso viaje de un desesperado hombre. ¿Pero cómo saberlo? Un sabio una vez, entre matorrales espinosos que rasgaban mi piel, entre fatales pensamientos que parecían escapar en una inminente tragedia, al borde del abismo que me llama constantemente a sus manos, ese sabio me contó la historia de otro ser, ese que derrotó la muralla de la ira y el horror, uno que superó la desesperanza y la cambió por amor. Uno que en este momentos espera al otro lado junto a una familia de luchadores, de valientes viajeros que tomaron la ruta dura y la pasaron, unos que desafiaron la violencia, superaron la maldad y vencieron el terror. Unos que, como yo, estuvieron sumidos en su dolor, podridos de angustia, unos que pensaron que morirían y perderían su alma en el intento. Por eso afirmo frente a ti, oh maldito abismo de mis profundos horrores, que no sucumbiré a tu placentera y falsa tranquilidad, porque extenderé mis brazos para que sean rasgados, colocaré el rostro una y otra vez para que sea abofeteado con la dura verdad para que de una vez por todas logre llegar a la cima, a esa esperanzadora meta que algún día compartiré con los otros que, igual que yo, llegaron del infortunio de esta resistencia dolorosa hasta el más profundo cielo de la felicidad.

martes, 16 de junio de 2009

Puro teatro / ¡Miedo, envuélveme!

Más macabra inspiración :) ...

Puro Teatro


Abre el telón un día más. No necesito maquillaje ni máscaras que cubran este hedor. Ya son parte de mi, mis mentiras y mi falso mundo que de pie me mira sonriente esperando otro show. Les gusto, ¡así es! No necesito quitar el personaje, mostrar la realidad, este teatro funciona mejor que toda la mugre que yace detrás.

Toda la sangre, las heridas y las cicatrices quedan cubiertas con este eterno maquillaje que nunca se quitará. Como dicen en este rubro, el personaje se comió al actor, y sí, así es. Este sonriente personaje me consumió y se apoderó de mí, cubriendo de alegría el sombrío mundo de este solitario actor, ese que al bajar el telón se ahoga en su propia obra llamada vivir.


¡Miedo, envuélveme!

Es el pánico quien llena este vacío. El horror me da su mano y me domina hasta hacerme su dueño y señor. No tengo más y mejor amigo que el miedo... ¡sí!
El miedo no me deja, no me traiciona ni me recrimina. Nunca dice que no cuando le llamo y siempre está ahí disponible para hacerme compañía.

¡Pánico, horror, desolación, son lo único que me queda!
No abandonen a este perdido viajero que naufragó en la peor historia de terror jamás contada... la realidad.

domingo, 31 de mayo de 2009

Los laberintos de la desesperación...




Luces horrorizado, ¿me equivoco? Probablemente tu mente se sienta nublada, lo sé, yo también lo siento. Te tiritan las piernas, te angustias y sientes como tu corazón quiere escapar por tu pecho pero tu propio cuerpo lo comprime creando una putrefacta sensación de pronta muerte. Por eso algún infeliz le puso ese nombre a este lugar, está lleno de caminos, falsos caminos, y tiene una creciente desesperación que pareciera llegar a niveles impensados.

Lucho día a día, noche a noche, contra el maldito destino que me lanzó sin piedad a este lugar. Los gritos de dolor que escucho a mi alrededor, las marcas de angustia que pintan las paredes, todo me huele a desesperanza y desolación.

Mírate al espejo, hombre desesperado. Tu rostro se baña con cada lágrima de sangre que botas en honor a tu sufrimiento, esta resistencia que pones para sobrevivir tiene su precio y ese es tu dolor.

¡Sé bienvenido a este laberinto!

Ten fe...
Ten miedo...
Ten fuerza...

¡Y corre!

sábado, 3 de enero de 2009

Amuleto

Se iba desvaneciendo poco a poco. Su mirada se perdía y entre sus manos rodeaba aquello que supuestamente le rescataría del dolor que la torturó durante meses. Fueron semanas y semanas de ver como ella se iba marchitando, el tiempo borraba cada sonrisa y cada bonito recuerdo lo destruía en un mar de lágrimas.

"¡Él te ayudará!" le decían, y la pequeña sostenía entre sus brazos aquella salvación. "¡Él lo puede todo", y la niña con fuerzas noche a noche, día a día, hora a hora buscaba que el milagro ocurriese, que la vida volviera a su amada madre, pero la desdicha parecía tomar fuerzas desproporcionadas.

La hora llegaba, en cualquier momento daba el suspiro final, llenaba sus pulmones de oxígeno para luego eliminarlo en la última señal de vida que daría. La pequeña lloraba, la abrazaba, la besaba, sin nunca soltar al amuleto que le iba a devolver a la mujer que le dio la vida. Cada respiro era más débil, la niña quería dar su vida por ella pero todo parecía escapar. Maldijo, gritó y lloró con fuerzas.

Sus familiares consternados se daban vuelta a mirarla. ¡Él la salvará! Sí, pero lo que aquella niña no sabía era que salvaciones había por montones. La muerte era una manera de salvarse, aunque para su corta edad sólo significase pérdida y sufrimiento. ¿Acaso esa salvación repararía el dolor y los gritos por las madrugadas? ¿Acaso eso iba a devolverle a quien tanto necesitaba a sus siete años?

El último suspiro, la última esperanza perdida. Totalmente decepcionada arrojó el rosario contra sus familiares, aquellos que la mantuvieron unida a algo que nunca llegó. Las miradas de reprobación no sirvieron, nadie era capaz de entender que una niña tan pequeña comprendía en ese instante que estaba sola. Sola contra la vida y sola contra el mundo, y que ni el mayor amuleto sobre la faz de la tierra iba a devolverle lo que más quería.

martes, 18 de noviembre de 2008

Placer prohibido

¿Cómo pensará un psicópata?
Un viejo monólogo que escribí hace algo más de 3 años si mi memoria no falla. Comparado con lo que leyeron algunos tiene un leve cambio, pero nada en su fondo.
Espero que les guste :)



Su nombre era Kelly, y vaya que se veía hermosa toda cubierta de sangre. Sus ojos desorbitados y esos gritos desesperados eran mi mayor placer. Cuando di el corte final creo que fue su mejor exclamación de sufrimiento y horror.

Kelly me mira ahora, sus ojos llenos de sangre me llaman a ella, pero ya no habla, su magia se perdió, la diversión terminó. Me queda el recuerdo, tengo cada sesión grabada en video, cada vez que siento la escasez de sufrimiento en mi vida me queda el consuelo de verlos. Creo que Kelly ha sido una de las sesiones más espectaculares. Cada vez que gritaba auxilio, mi piel se erizaba y mi corazón latía con más y más fuerza.

Fueron semanas pensando, imaginando, sintiendo ese angelical rostro junto a mí, cortar cada pedazo de ella, soñar como la sangre recorrería sus pechos perfectos, su hermosa cintura y ver como su inocente rostro se desfiguraría al son del horror. ¡Y mi sueño se hizo realidad!
Aún queda algo, falta ver el sufrimiento de su familia; a pesar que no se siente el éxtasis que se vive al tener el dolor al lado tuyo, gozar cada segundo porque eres tú quien la aterra; de todas formas es placentero ver el lamento de sus seres queridos. Observar cada lágrima derramada, cada grito descontrolado por la que era su hija perfecta, y el arrepentimiento de nunca haberle dicho cuánto la querían.

Ahora deben odiarme, pero ellos no comprenden lo bien que se siente. Dicen que soy un enfermo, pero bajo mi perspectiva ellos lo son. No ven la ternura que hay en un par de ojos que miran con terror suplicando que te detengas, la belleza de un grito lastimero y doloroso, pero sobre todo, la maravilla divina de entregar a aquella persona a los brazos de Dios, liberarla del sufrimiento y enviarla a su única salvación… la muerte.

Igual que siempre, cuando terminaba cada sesión había que devolver el cuerpo a su familia para que la lloraran, extrañaran y valoraran, para luego soportar verme titulado un “Asesino”, un mero y simple asesino. No soy uno de esos, ellos matan por venganza, por ira, por dinero, o por cualquier sentimiento de bajeza humana. Una ama de casa promedio puede convertirse en una vil asesina al enterarse que su marido la engañaba, o un ambicioso empresario puede mandar a asesinar para limpiarse su camino. Bajeza y debilidad humana de por medio, eso es un simple asesino.

Era hora de hacer lo de siempre, tomar el cuerpo y llevarlo a algún estanque cercano. Kelly está fría, ya no siente ni grita como lo hacía, me deprime verla tan apagada, necesito que sufra como lo hacía hace algunos minutos atrás.

-¡Suéltame maldito animal! –gritaba ella, quien estaba atada de pies y manos a una silla metálica, con su pelo rubio suelto y su hermoso rostro completamente ensangrentado.
-Linda… siga gritando –dije, mientras tomaba sus manos y las cortaba suavemente con un cuchillo frío y metálico.

Ese es el placer que siente un ser como yo, ¡grita más! ¡Grita maldita! ¡Quiero sentir tu miedo junto a mí, ver tu mirada pavorosa y lastimera, la sangre salir por tus poros, tu vómito al verte completamente descuartizada, tiritando como nunca en tu vida habías siquiera pensado hacerlo!. ¡Quiero sentir ese horror que se expele, se respira y da vida a mi vida! Kelly estaba completamente destrozada, ver sus dedos en el suelo, tomar su pelo cubierto completamente de sangre y sentir esa agobiada respiración me excitaba ¡Este es el real sufrimiento, no ese que dicen sentir los seres humanos corrientes al apretarse un mísero dedo en la puerta!

-¡Este es el verdadero dolor! ¿Te gusta? -pregunté, mientras afilaba el cuchillo de oro con el cual suelo dar el golpe final.
-Enfermo –balbuceó la mujer, mientras escupía sangre y respiraba agónica.

Ella no sabe lo que es ser un enfermo. Enfermos son los humanos promedio que califican a su salvador como un asesino, que tienen sus vidas un asco y fingen felicidad eterna, que construyen sus vidas en base al cinismo y la traición ¡Esos son enfermos! Yo sólo hago lo que me gusta hacer, ¡y lo disfruto al máximo!

El cuerpo de Kelly se comenzaba a poner rígido, me costaba cada vez más cargarlo. No quedaba muy lejos la camioneta donde la llevaría, pero debía apurarme, como esta maldita sociedad no deja realizarme como persona tenía que realizar la sesión antes que detectaran que no llegaba a su hogar. Una vez que sucedía eso, llamaban a los ineficientes de la policía para buscar al “Asesino enfermo”. Los dos términos que más detesto en este mundo los utilizaban estos inferiores… ¡no soy un asesino y los enfermos son ellos!

Tiré a la camioneta el cuerpo duro de la muchacha y la bolsa donde estaban todos los cortes que había realizado con tanta dedicación. Esta era la parte aburrida del trabajo. Si no me uno a esto, me atrapan y me matan, tal cual como la ama de casa asesinaba a su marido por traidor, a mi me matan sin voz ni voto por criminal ¡Esa no es una buena forma de morir! No tengo miedo al sufrimiento, no temo del dolor, es parte normal de la vida,y como buen gozador disfruto cada sentimiento, cada emoción hasta el fondo. ¡No sería justo que estos inferiores me quiten mi placer!

¡No es posible! ¡La policía viene tras mío! ¿¡Qué hice mal!?
¡No voy a caer en la bajeza de sentir miedo! No puedo sentir miedo porque no soy como ellos, soy mucho más que eso, soy su salvación, soy un hombre de bien… ¿He dicho hombre?
¡No soy un hombre, no ese nivel! ¿Y si estoy sintiendo miedo en este momento? Tirito como nunca lo había pensado hacer en mi vida ¡Kelly tiritaba como nunca en su vida y ahora yo hago exactamente lo mismo! Por favor, eres demasiado superior como para que esta gente te haga sentir temor, pero lo siento. No son ellos, soy yo… ¡tengo miedo de perder la razón de mi vida! Quiero seguir sintiendo esa excitación de ver con mis ojos el sufrimiento ajeno, como sus patéticas vidas cobran un real sentido al verse al borde de la muerte. El ver en el reflejo de sus miradas como pasan esos recuerdos de la niñez, como ven a su madre, su padre, a sus amigos que nunca valoraron, a los cuales nunca les dijeron cuanto les importaba. El ver mi vida en sus ojos, amo verlos sufrir tal cual como sufrí yo.

Ahora la opción es una sola y decido tomarla, el chirrido de las ruedas me hace perder la razón un segundo. Abro la puerta y me bajo, estoy poseído, decidido, nada puede hacerme cambiar, ¡nada! Frente a mí venía, no era capaz de siquiera pensar en apretar el freno porque de seguro él se iría junto a mí.

Tú serás mi última ofrenda. Cargarás en tu conciencia mi muerte... ¡mátame maldito ser inferior! ¡Hazlo! ¡Arróllame! ¡Párteme en dos y que mis vísceras queden esparcidas por el terreno, que ni dios ni el diablo sean capaces de limpiar la huella de mi muerte de este frío asfalto!

El duro metal me abre el estómago y mi sangre escurre hacia el suelo, de seguro será difícil de borrar. Se siente bien...

sábado, 8 de noviembre de 2008

Irreal...

Buscando en archivos viejos estaba este relato. Lo escribí hace bastante años atrás, no lo recordaba de hecho, pero genial haberlo encontrado. Ahora que lo leo no me gusta mucho, pero sí me trae recuerdos del momento en que lo escribí, porque era cuando me costaba mostrar estas cosas jaja... Eso :D



Miraba como todas las noches mí alrededor. Mientras acariciaba la blanca sábana que colgaba de mi cama, su mano se encontró con la mía.¡Era ella, al fin estaba aquí!.
Subí mi mirada, y su blanca sonrisa que se mezclaba perfectamente con su azules y redondos ojos alegraron mi vida. Siempre a la misma hora ella venía a darme su amor, a decirme que me quería. Laura se puso de pie y caminó dentro de mi pequeño dormitorio blanco. Se acercó a la ventana y comenzó a mirar la luna fijamente. Me levanté y caminé lentamente apreciando su perfecto cuerpo y su largo pelo rubio que caía como una gran cascada hasta el final de su espalda. Dio la vuelta, y sus rojos labios dijeron la frase que más detesto en la vida.

- Las pastillas – dijo.

Intenté huir pero no fue posible. Marta se convirtió en un horrible monstruo que me perseguía intentando borrar al ángel de mi vista. Su rubio pelo se convirtió en un desordenado y rojo cabello, de su blanca sonrisa sólo quedaban un par de dientes amarillos, y de aquella dulce mujer ya nada había.

- Así es Carlitos, ahora trague – exclamó la mujer, mientras tomaba con sus dos manos mi boca y me metía la pastilla a la fuerza.

Mis ojos pesan, todo se vuelve cada vez más difuso. Así es como el monstruo me quita su amor, pero no sabe que mientras sueño Marta me toma mis manos y nos amamos intensamente. La luz se apaga, ella regresa.

lunes, 4 de agosto de 2008

Réquiem de un reflejo sin alma



La noche caía al interior de la clínica, y como era normal en la sala de pediatría las cosas andaban lentas y aburridas. Los niños no suelen llegar de noche con enfermedades, y generalmente las pocas que hay son derivados al quirófano porque corresponden a apendicitis o algunos males más graves que una profesional sin experiencia como yo no puede tratar. Lucy, la enfermera me saludaba constantemente pero no era capaz de romper el hielo con "la nueva", varias veces se acercó y tomó mis manos pero no pude salir de la inercia de mi estado. ¿Es eso lo que quieren saber, no?

¿Qué Lucy no existe? Por favor, nos miramos durante horas, atendimos dos casos juntas, ella muy servicial siempre trajo todo lo que yo le pedí. ¿Los casos? Un niño con urticaria y una chica con una amigdalitis purulenta que no la dejaba dormir, nada muy grave ni entretenido que me sacara del estado de aburrimiento en el que estaba sumida. Iré al grano, está bien... el asunto vino después del caso de la niña, cuando las luces se cortaron en toda la sección de Pediatría. El frío ascendió rápidamente por mi piel, intenté ayudarme de la luz del celular pero era escasa. Lucy me dijo que apagara todo, así estaríamos más cerca y unidas, que la oscuridad era capaz de fusionar más fuertemente a dos almas errantes que buscaban una mano.

Allí pude conocer más a la dulce Lucy, era tierna y muy amable, recuerdo muy bien sus dos ojos grandes y blancos que me miraban con tristeza cada vez que yo acariciaba el rostro de la platinada Doctora González. Ella era una mujer muy mala, ¿sabes? Cuando llegué a la clínica nunca me dejó atender los casos más útiles para mi vida profesional, siempre prefirió usarme como su empleada y esclava personal. Le conté todo a Lucy mientras los últimos suspiros de la médico se diluían en el piso con lentitud. Ella me ayudaba, aconsejaba y guiaba en mi travesía por la oscuridad, juntas como grandes amigas que nos convertimos en ese instante que juntamos nuestras manos para jugar y divertirnos con el carmesí que extraíamos de cada uno de nuestros colegas. Juanito, el de la limpieza, varias veces me suplicó que no siguiera pero Lucy me decía que le ignorara, que recordara las veces que se negaba a limpiar la consulta y los saludos omitidos una y otra vez. ¿Para qué considerarlo si él nunca lo hizo?

¿Qué detalles quiere que de, si estoy contando todo tal y cómo fue? Las luces se apagaban con el paso de Lucy, ella me trasladaba por todos los pasillos y convertía en oscuridad todo. Ella me indicaba donde entrar, de qué forma irrumpir y cómo hacer mi trabajo. Yo era sus manos, yo hacía todo por ella, yo era su instrumento y ella la mente perfecta que ideó cada parte, cada exclamación de piedad y liberó a las almas para que le hicieran compañía. Es aburrido estar solo, ¿sabe? Yo la comprendí, yo estaba sola y ella necesitaba amigos con quienes jugar.

¿Que dónde puedo encontrarla? Lucy está aquí, junto a mi, ¿no la ves? Mira, incluso se mofa de tu rostro de pavor y esas marcas rojas que salen de tus brazos, dice que no es necesario hacer tanto escándalo por tan poco. Hubieses visto a Rita, la del casino... digamos que dejamos su presencia esparcida de forma perfecta por todo el pasillo que está aquí afuera, ¿quieres ver? Lucy me dice que veas, ven... ¿Bonito no? El decorado con sus cabellos dorados sobre el mesón de la entrada le da el toque especial para esta noche tan única para mí. Si quieres puedo dejar algún recuerdo tuyo sobre el asta de la bandera para que toda la gente vea tu hermosura allí fuera, porque si hay algo de lo que estoy segura es que eres preciosa.

Quizás nadie valoró eso, tal vez te ignoraron y rechazaron, tal vez no creyeron que con tus problemas podías llegar a ser alguien. Pero ahora demostraste que sí eres fuerte, ¿o no Lucy? ¿Estas allí Lucy? Sí... Lucy está allí, frente a mí, mirando fijamente como lentamente acabo con tu vida, como desmembro cada parte, cada rastro de ti y convierto este instante en el clímax final. Lucy se desvanece lentamente frente a mis ojos, pareciera que el espejo se la traga hasta terminar por ver mi propio reflejo. Ese de una mujer vestida de enfermera de gran pasión por los niños, ese el de una mujer con ganas de aspirar a más, con ganas de conectarse con la mayor vocación de su vida, limitada por las causas y las circunstancias... ese que ahora se desvanece en carmín y dolor, ese que tendido en el espiral de la obsesión estalló, mutiló y se automutiló, ese reflejo que nunca existió.